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Miquel Silvestre: Nunca tuve estómago para las putas, ni siquiera en Bangkok

Soy un viajero vago. Me cuesta hacer turismo. Prefiero quedarme en los sitios y mirar. Esta Rama IV de ocho carriles es ya mi calle. Para cruzarla hay que subir por una paso elevado peatonal. Desde él se divisa el skyline de la urbe de los negocios. Bajo sus escaleras bulle la vida cotidiana y mil puestos de comida callejera. Bangkok es la ciudad de la comida, por todos lados, en cualquier esquina hay un tenderete donde venden fruta, café, dulces, bocadillos, salchichas, arroz, más fruta, más café, más dulces, más bocadillos, más salchichas y más arroz. La vida callejera orbita en torno a la comida. Por las mañanas voy a correr al parque y coincido con mil ancianos haciendo tai chi, regreso, compro fruta natural deliciosa y barata y regreso comiendo y empapado de sudor al hotel. Por la noche, voy al figón done aparecí el primer día, bebo cerveza, como pescado y observo la vida mientras escribo en mi cuaderno. La vida pasa lenta y al mismo tiempo a toda leche.

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Miquel Silvestre con Simon y Lisa Thomas en Bangkok
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