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Don Solaris: New York - Ushuaia

Don Solaris (Daniel) es un español afincado en Nueva York que decidió recorrer la Panamericana hasta Ushuaia con su Roro, una Vulcan 500 cargada hasta los topes de equipaje y gadgets electrónicos para poder grabar toda su experiencia viajera.
Hemos conocido el blog de Don a partir de su encuentro en México con Alicia y Búfalo con los que está compartiendo ruta.

Algunas pinceladas de lo que va contando por el camino:

La moto
Así como San Martín tenía a su mula, Don Quijote a Rocinante y Alberto y Ernesto a la Poderosa, yo tengo a mi Roro. He decidido dar un paseo con la única hembra que me soporta, quizá porque en lugar de corazón tiene un motor paralelo de 500cc y no necesita tanto de cariño como de lubricación y cambio de llantas cada 10,000 kilómetros.

El blog
Tengo que reconocer que el tema "blog" me provoca cierto asquito. No entiendo el afán de todos estos cientos de sucedáneos de escritores por comunicar hasta el último pensamiento que se les pasa por la cabeza, sin importarles lo increiblemente estúpido de su naturaleza. Y entiendo aún menos la pasión de los lectores por devorar los escritos de desconocidos, habiendo tanto clásico por leer en las estanterías de las bibliotecas. Estoy seguro de que hay gente con cierto talento escribiendo en el cyber espacio, alguno tiene que haber entre las hordas de maltratadores del teclado. Por eso es que es posible que mi primer entrada en este blog pueda convertirse en la última. Haré lo posible por que no sea así, aunque sea porque estoy seguro de que al menos mi madre se sentirá mas tranquila leyendo lo que escribo, pues resulta evidente que si bien en la teoría cartesiana el pensar confirma mi existencia, en la práctica la misiva digital confirmará que sigo vivo.

El oficio del mecánico
La profesión de mecánico está, desgraciada y altamente infravalorada en esta perra sociedad en la que nos ha tocado vivir. La medicina es respetada y valorada, y retribuida en consecuencia -Hablo de USA, no de España-. Arreglar seres humanos es mitificado hasta niveles embarazosos -sobre todo para el médico-, pero arreglar máquinas es trabajo de peón grasiento. El paciente siempre conoce al doctor, al que estrecha la mano e incluso a veces abraza, y entre lágrimas de alegría le agradece su labor y le jura lealtad eterna. El cliente del taller rara vez conoce el nombre del mecánico, y si lo sabe no es mas que para hincharle las pelotas metiendole prisa para que su anquilosado Peugeot esté listo para el fin de semana en Torrevieja (hay que usar ese chalé que ganaron en el 1,2,3). El doctor tiene un piso en Manhattan y una casita en Long Island. El mecánico estira sus dólares para poder alimentar a su familia a fin de mes. El doctor, en suma, es alguien. El mecánico, nadie.
Y sin embargo multitud de veces necesitamos al doctor para solucionar un problema que no hubiera existido de haber acudido al mecánico antes. En lo que se refiere al motociclismo, una moto no cuidada y mal mantenida es garantía total de visita al hospital. Solo el necio niega que el accidente es una cuestión de tiempo, una cuenta atrás. Antes o después te caes. Lo grave de la caída es lo importante, y minimizar el riesgo la labor de cualquiera que tenga dos dedos de frente. Ser precavido minimiza riesgo. No consumir drogas minimiza riesgo. Vestir ropa adecuada minimiza riesgo. Una moto que funciona BIEN minimiza MUCHO el riesgo. En otras palabras: En las manos de tu mecánico está en gran parte el que, cuando el fatídico momento del accidente llegue, no sea mas que un susto y un bajón en tu cuenta corriente.
Yo tuve la fortuna de conocer a Manuel, mecánico y fundador de Speed Motorcycles en Nueva York. Le admiro y respeto por sus conocimientos y su seriedad en el trabajo. Pero sobre todo le agradezco que cuide de mi vida, pues es lo que hace cuando arregla a mi Roro. Y coño, que es un gran tipo.


Carretera y manta
Y si la manta es gruesa de esas de lana de la abuela, mejor. Porque cuando hace fresquito, en la moto se convierte en un frío de cojones. Dice el autor de "Zen and the art of motorcycle maintenance" que las incomodidades de tipo físico solo se convierten en un gran problema cuando uno no está en el estado de ánimo adecuado. Es decir, que si estás de buen humor no te importa tanto no estar tan a gustito como cuando en casa, abrigadito en un snuggie, coges la posturita y te quedas dormido en el sofá viendo cualquier estupidez en la tele. Uno lee eso desde el lado del radiador en su casa y asiente con la cabeza, pensando "que gran razón tiene este tipo, que profundo". Uno lee eso en un bosque en la montaña, de noche, bajo una tienda y embutido en un saco de dormir cerrado hasta la cabeza mientras la temperatura baja hasta los 5 grados centígrados, y bueno, digamos que lo de asentir con la cabeza no le sale tan naturalmente. La parte positiva: el saco de dormir fue buena compra, me conserva lo suficientemente caliente como para poder echar alguna cabezadita.
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Avanzo poco porque me paro cada dos por tres para comprar accesorios y reorganizar el equipaje, que no acaba de funcionar.
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El tiempo, bien pero podría mejorar, tal y como maldecían sobre mi las notas de mis profesores del colegio.

La línea recta y el descubrimiento de la curva... de la cadera femenina, del horizonte, de la película de 35 mm o del chorro del agua y al fin, de la carretera (siempre que sea sobre una moto)
Es porque disfruto de las curvas que no avanzo tan deprisa, y todavía, después de una semana de viaje, no he llegado a la frontera con Mexico. Porque si bien es cierto que la distancia mas corta entre dos puntos es una linea recta, también es la mas aburrida. Y para aburrirme ya tengo la tele cuando vuelva a casa.

La hospitalidad de la gente del camino
Después de dos semanas en las carreteras de este gigantesco país, desde las heladoras montañas de la cordillera de los Apalaches hasta el abrumador calor de la planicie Texana, llego a la conclusión de que o bien yo soy un tipo muy afortunado o los americanos se han ganado una fama que no les representa. La realidad es que la gente que he encontrado en mi camino no ha hecho otra cosa que ayudarme, apoyarme y animarme a seguir.

Más información sobre Don Solaris en el blog (bilingüe español-inglés) New York - Ushuaia, en su muro y en su canal de vídeo

Last ride in New York City
En el auto de papa

Crossing to México

No gas

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