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Cabo Norte en invierno

Los que viajamos en moto sabemos que lo más importante no es el destino sino el camino. Un tópico que no nos cansamos de repetir hasta la saciedad para intentar explicar a los que no están malditos por esta droga por qué disfrutamos tanto cuando sufrimos las inclemencias del tiempo o por qué hacemos tantos kilómetros sin visitar las grandes ciudades del camino como hacen "los turistas normales".

Sin embargo, hay algunos destinos que forman parte de la lista de "asuntos pendientes" de todo motero que se precie, esa lista que cuanto más viajas más larga se hace. Vuelve a ser otro tópico, pero esa chincheta en el mapa debería formar parte de nuestro currículum motae. Tarde o temprano nos iremos al Cabo Norte en moto.

Y es que hoy en día, este viaje tiene poco de aventura. No es como en los años 60, cuando para llegar tenías que hacer muchos kilómetros de pista infernal, y no había ese mar de turistas en autocaravanas y autobuses organizados, y dormías en una tienda que pesaba 10 kilos, al lado de las de los esquimales que todavía no se dedicaban a la venta de souvenirs o cruzabas a la "isla" en un barco vikingo de madera que se caía a pedazos. Hoy, el Cabo Norte es un destino relativamente fácil y asequible para cualquiera que disponga de 15 a 30 días y tenga ganas y dinero para viajar en moto por Europa. Ni siquiera hace falta planificar, organizar, resevar... Sólo hay que cargar las maletas y salir con la brújula apuntando al norte.

Pero hacerlo en invierno le añade esa dosis de aventura que necesitamos para satisfacer la adicción que sufrimos. Hay quien dice que la mejor droga que existe es la adrenalina y además es gratis! Viajar en moto no lo es (gratis) pero sí pone en marcha los mecanismos necesarios para que esa droga corra por nuestro cuerpo. Y si añadimos a la moto la climatología más extrema mejor todavía.

Viajar al Cabo Norte en invierno requiere organización, preparación, planificación. No sólo hay que adaptar la moto (neumáticos de clavos, esquíes, manoplas, por ejemplo). También hay que usar el equipo adecuado para el frío (ropa térmica, cascos con sistemas de calefacción, plantillas y guantes calefactados, ...). Es necesario estar preparado físicamente para soportar temperaturas extremas, vientos gélidos, nieve y hielo en la calzada, y listo para caerse de la moto o resbalar al apoyar los pies en el suelo helado. En definitiva, hay que estar dispuesto a sufrir y estar preparado para disfrutar sufriendo por el simple hecho de hacerlo en moto y formar parte de ese entorno tan extremo.

Sólo por eso y por nada más vale la pena intentarlo. No importa si no cazamos una sola aurora, si no conseguimos llegar al destino, si no somos "los primeros en", si tenemos apoyo mediático, logístico o sólo de la familia y amigos, si tenemos un millón de fans en las redes o unos pocos centenares de visitas en nuestra página web. Todo eso es pura vanidad y nada más, que el paso del tiempo acabará borrando o distorsionando de nuestra memoria. El camino, los momentos vividos, las gentes que nos hemos cruzado, las sonrisas y las lágrimas que hemos compartido, ... eso es lo que nos quedará y lo que nos hará más ricos y sabios. Ese reno que cruzó asustado la carretera, el resbalón al salir de una curva, la inmensidad de las montañas nevadas, la puesta de sol desde el calor de nuestra habitación, esa pelea con el compañero de ruta o las risas mientras nos tomamos unos refrescos en una gasolinera del camino, ... Esas son las cosas que realmente importan y que nos acompañarán siempre.

La foto a los pies de esa bola metálica? Quizás sí... o quizás no... Es sólo un detalle, la guinda del pastel... y todos sabemos que lo mejor del pastel no es la guinda, verdad?

La foto de la aurora colgada en la web de nuestros patrocinadores o en nuestro muro? Rotundamente no... de esas las hay a montes por la red, hechas por auténticos profesionales de la fotografía y seguramente mucho mejores que las que hagamos nosotros. Lo importante es estar ahí para verla, armarse de paciencia y congelarse de frío para vivirla, caminar mucho por la nieve para evitar la contaminación lumínica y poder compartirla en silencio... si se digna a aparecer. Todo lo demás es secundario.

Y así están las cosas en las dos moto-expediciones españolas a Cabo Norte, a la espera de que mejoren las condiciones del tiempo para poder hacerse la foto y poner una chincheta más en su mapa moto-viajero o tachar esa línea de su lista de moto-asuntos pendientes y cumplir un nuevo sueño (aunque lo mejor de los sueños es que no se acaben).

Todos han hecho su camino y lo han contado a su manera, han rodado sobre hielo y nieve, resbalado, reído y llorado (aunque no lo cuenten seguro que han llorado), añorado, disfrutado y sufrido y ahí están, entre 30 y 200 km de esa preciada foto. Ahora el viaje ya no depende de ellos, ni de su esfuerzo ni de su pericia. Están a expensas de las fuerzas de la naturaleza que ha tomado las riendas de su destino.

Mucha suerte a todos!!! Y felicidades por llegar hasta allí.

Esta vez no vamos a incluir nombres y enlaces a sus páginas, muros y tuits.
Todos sabéis quiénes son y dónde encontrar la información.
Si alguien tiene dudas sólo tiene que preguntar.

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